jueves, 18 de diciembre de 2014

Una navidad diferente (I)


En los próximos días publicaré un par de entradas dedicadas a hacer de la Navidad un espacio diferente con nuestros niños/as. Aquí va la primera.

Estoy más que habituado a ver a padres/madres que cuando llega la Navidad se dejan llevar por el espíritu de consumo, dedicando un tiempo grande a buscar regalos para satisfacer los deseos de los hijos/as. Sin darnos cuenta entramos (porque yo también me incluyo) en una espiral que nos hace olvidar que la Navidad es más que los regalos, las luces, las bambalinas y los árboles decorados. Este tiempo puede ser una gran oportunidad para estar más cerca de los nuestros, especialmente de los niños/as, y hacer actividades diferentes a las que estamos acostumbrados.

Yo os propongo una inspirada en un blog de habla inglesa y que me pareció muy graciosa, entretenida y que nos ayudará a cambiar el chip. La he llamado  "Duendecillos Navideños", aunque vosotros la podéis llamar cómo querais. Lo ideal es que se realice entre aquellos que compartan la misma vivienda familiar:

1. Preparamos los nombres de cada uno de los componentes de nuestra familia escritos cada uno en un trozo de papel. 
2. Después los mezclamos, cada persona saca uno y comprueba el nombre de quien le ha tocado. A partir de ese momento se convertirá en su Duendecillo Navideño. Su función será la de cuidar y estar atento (como si fuera un angelillo de la guarda) pero tomando precauciones de que no le descubran. Por ejemplo, pepito se adelanta a hacer la cama de su hermana antes de que ella lo haga, papá  le repara sin que se de cuenta su hijo el juguete que se le había roto, lolita le pone a su mamá un ramillete de florecitas en su mesita de noche para que las vea antes de acostarse, si papá sale rápido a trabajar y se olvida la ropa en el baño su duendecillo se la puede recoger, etc.  En fin, ¡imaginación al poder!
3. El día de Navidad cada uno revelará de quién ha sido el duendecillo de quién y le regalará a esa persona un obsequio hecho por él/ella.


¿Con esto qué conseguimos?


  • Salir de la rutina consumista-compulsiva navideña.
  • Hacer actividades familiares placenteras en las que se prima la ayuda a los demás sin esperar nada a cambio.
  • Darle más valor a los objetos que hacemos nosotros mismos en casa frente a aquellos con valor económico.
  • Poner énfasis en la idea de que dar y regalar es igual de divertido que recibir.
  • Además es una oportunidad ideal para estar con los niños/as y ayudarles a hacer el regalo que tienen que hacer a la persona que cuidan. 




Y ¿vosotros hacéis actividades diferentes con vuestros hijos/as en Navidad?




jueves, 11 de diciembre de 2014

De niños mentirosos... ¿Padres castigadores?


Ser mentiroso es ser listo... y no quiero que saquéis malas conclusiones sobre mi, pero es que esta mañana me encontré un artículo que decía: "el castigo no impulsa a los niños a decir la verdad". Según un estudio de  la Universidad McGill de Montreal realizado con 372 niños de entre 4 y 8 años los niños/as dicen menos la verdad si se les amenaza con castigarlos. ¿Cómo han llegado a esta conclusión? Resumiendo rápidamente, a los niños se les daba una orden: "no podéis mirar al juguete cuando me vaya", el adullto salía de la habitación y luego, al volver, le preguntaba si había mirado al juguete o no - todo esto se grababa con cámara oculta. 

Y es que ¿quien no ha mentido alguna vez? cómo ya dije en la entrada "me miente con los deberes" las mentiras hay que desmitificarlas. La mentira es una estrategia comunicativa que muestra que la persona que lo usa es inteligente. Si, inteligente, que es capaz de tener recursos de salir de situaciones que le pueden comprometer. Por tanto si vuestro hijo miente, es que es un niño/a listo.... ¿le hacemos una fiesta entonces? seamos sensatos, la mentira no nos gusta a nadie porque significa engaño y desconfianza.
Debemos tener en cuenta, en segundo lugar, que la mentira no es cosa de uno, sino que nace de la relación con los demás,  es una construcción conjunta (1 + 1 son 3) . Esto significa que, para que haya un mentiroso tiene que haber alguien que esté en una posición superior y que sea capaz de producir miedo en la otra persona (normalmente la mamá/papá). De esta forma el miedo lleva a la mentira. 

El castigo no promueve la sinceridad. Este estudio viene a poner en evidencia que si quieres que tu niño/a sea sincero no puedes utilizar la amenaza a castigarlos cómo método. El miedo a ser castigados funciona cómo una alarma que pone en marcha la mentira cómo salida a una situación de la que seguro va a salir mal parado/a.

¿Qué hacer entonces?

También demostraron que si se les pide a los niños que sean sinceros ya sea para complacer a mamá/papá o porque si lo hacen estarán haciendo lo correcto, éstos dicen más veces la verdad. De este modo tenemos que pensar un poco en alternativas, por ejemplo

  • Premiar y remarcar los momentos en que la sinceridad se produce. "Me siento muy bien cuando me dices que ha pasado, porque así mamá/papá lo puede entender"
  • Castigar menos y ofrecer alternativas de reparación cuando se descubre la mentira. "Se que no has sido sincero pero si reparas lo que has hecho podremos ir al parque juntos"


Dejo abierta la pregunta a modo de reflexión y de ahí el título de la entrada "de niños mentirosos... ¿padres castigadores?" porque, sin duda, cómo reaccionamos nosotros ante la mentira hace que ésta se mantenga o que se pueda cambiar. 


Referencias bibliográficas

Revista Tendencias sociales: El castigo no impulsa a los niños a decir la verdad. Consultado el 11/12/2014 a las 12:06.

Katherine Gombay. Universidad McGill. Punishing kids for lying just doesn't work. Consultado el 11/12/2014  a las 12:09